Allí donde no
buscamos, las respuestas yacen, en las profundidades del corazón y de la mente
están, “conócete a ti mismo”, dijo el gran Sócrates; pero aun seguimos tratando
de descifrar tan sencilla premisa, tan simple verdad, oculta siempre ante
nuestros ciegos e ignorantes ojos.
Entender que buscar saber y conocer, que hay dentro de nuestra mente, debería ser una tarea de vida. Nos preocupa no saber porque reaccionamos de x o y manera. Por qué a unos les afecta de una manera y a mí de otra tan diversa. Porque unos los toman "normal" y para mí no lo es. El conócete a ti mismo, no implica sólo saber el origen o causa de nuestras reacciones, emociones o maneras de pensar, también implica luego de conocer, implica disciplinar, dominar una mente, unas emociones, conductas y reacciones, a fin de vivir una vida más saludable, armoniosa y por ende feliz. Esto es posible... ¿Cómo?, primero tomando la decisión y luego asumiendo un proceso de auto-conocimiento a nivel terapéutico. ¿El resultado?, un cambio de visión, emoción, pensamiento y conductas, que se traduce en bienestar interior y exterior. "El problema no es el problema, es cómo se ve, el problema."
Hay un lugar, de los
muchos lugares en la tierra que el hombre no ha explorado aún. Fijamos
intenciones y esfuerzos afuera y no adentro, quizás las respuestas básicas a
las preguntas que en su búsqueda la filosofía ha devanado miles de sesos:
¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿cuál es nuestro origen?,
en nombre de ello no solo hay cientos de religiones diferentes, sino que han
habido guerras de toda índole, hemos gastado y seguimos gastando millones para explorar el espacio buscando las
respuestas a estas preguntas, quizás esta exploración sea más sencilla, pues la
historia de la evolución del hombre ha demostrado que es más fácil conocer un
agujero negro, que nuestro interior.
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